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01 mayo 2008

Entrevista a Roberto Bignoli

De P. Vincenzo Vitali

Una vida marcada por el sufrimiento, pero también por el encuentro inesperado con Cristo a través de María y de la evangelización mediante la música y el canto.

Encontramos a Roberto Bignoli, que ganó el pasado mes de octubre el premio internacional Unity Awards.

“Dulcis Maria – Totus tuus”: con esta canción el milanés Roberto Bignoli ha ganado, el mes de octubre pasado en los Estados Unidos (Phoenix) el premio Unity Awards 2007 de la UCMVA (United Catholic Music and Video Association), el “Grammy” de la música cristiana. La relación del cantautor con María tiene raíces lejanas en el tiempo y su primer álbum de cantautor cristiano lleva justamente el título “Canción para María” (1987).

Roberto pertenece a aquel mundo de la Christian Music que en Italia no goza de gran resonancia mediática, sin embargo, existe y es de una vitalidad notable. Pero dado que se trata de un mundo que no busca el éxito inmediato, sino que en él se testimonia la propia fe y se evangeliza con la música, no figura en primera página ni ficha grandes éxitos. En otros países, este mundo tiene mucho más lugar y es capaz de congregar a la juventud. Pero también en Italia existen movimientos de música cristiana, que organizan festivales y difunden su música: “Il mondo canta Maria", en Schio, "Il mio Dio canta giovane", il "Festival cristiano" en Lancusi, la "Rassegna internazionale della Canzone religiosa" en Caposele. "Anno Domini Multifestival" en Oropa.

El cantautor Roberto Bignoli

Pero dejemos ahora la palabra a Roberto Bignoli. Aunque el diálogo fue sólo por teléfono, se advierten un entusiasmo y una fuerza contagiosos. Una fuerza que emana de la esperanza que lo llena.

Quieres empezar por la canción con la que has ganado el premio, “Dulces Maria”?

Se trata de un trabajo a tres: en el sentido que la música fue compuesta por un cantautor “secular”, o sea del mundo de la música ligera, Nico Fortarezza; depués hubo la colaboración de don Stefano Varnavà, un gran compositor de música religiosa, bien conocido en Italia. Y esto ya es importante para mí: colaborar con los expertos tanto en el ámbito de la música como en el eclesiástico. El tercero soy yo. María es una figura sumamente vinculada a mi vida, porque mi historia, o mi camino de conversión, nacen justamente a través de la figura de María.

¿Quién es María en tu vida?

Para mí, María es hoy el punto de referencia del cual gano fuerza no sólo como hombre o artista, sino también como padre de familia. Ella ha sido y es el camino para llegar y profundizar en la belleza del misterio que es Cristo. He llegado a dicha belleza – Cristo, y Cristo significa también su Iglesia – a través del encuentro con María. Y esto gracias a una experiencia tenida en 1984 en Medjugorje. Mi historia y mi camino de conversión – aunque me guste precisar que no soy un convertido pero que cada día es para mí una ocasión para reforzar el camino de la conversión – comienzan en 1984 en Medjugorje. Estaba yo viviendo un período bastante oscuro. Gracias al encuentro con otros jóvenes, acepté la propuesta de irme con ellos – más por curiosidad – fui y viví esta experiencia, en realidad extremamente simple. Todo normal.

¿Qué es lo que estabas viviendo?

Provenía entonces de un mundo juvenil e ideológicamente totalmente opuesto al de la fe cristiana. Antes era un joven que buscaba un consenso con la música, que deseaba como tantos otros el éxito, y tirar adelante sin pensar demasiado en Dios, la fe, en María. Acababa de salir de una experiencia política, en los años ´80, de extrema izquierda: me encontraba muy cercano a la Autonomía Obrera. Era una forma de rebelión personal, motivada por una vida bastante difícil bien como discapacitado bien por estar vinculado a un mundo de drogas y cárcel, o sea a grandes decepciones.

Formar parte de una realidad revolucionaria significaría recatarme de un mundo que hasta entonces siempre me había tratado de manera injusta.

Luego comprendí que no era la violencia con lo cual podría cambiar el mundo. Entonces dejé todo esto e intenté realizar lo que siempre había deseado: la canción. Pero como discapacitado, no tenía yo los requisitos que pedía el star system para entrar en ciertos círculos. Y fue entonces que todo se derrumbó: si el valor de una persona, su talento, se valoran sólo porque puede ser bello, perfecto, impecable, entonces yo, a este punto, estoy fuera. Fue entonces que me encontré en una profunda crisis. Y en aquel momento justo me encontré con aquellos jóvenes, vinculados al Renovacion en el Espíritu, y fue con ellos que viví esta experiencia mariana en Medjugorje.

El cantautor Roberto Bignoli con el Papa Juan Pablo II, al que ha dedicado la canción “Non temere (don´t be afraid)”.

¿Qué es lo que viviste entonces?

Una experiencia simplicísima, la cual me llevó a reflexionar y a comprender todo lo que había pasado en mi vida: la poliomielitis, los años pasados en los institutos como discapacitado, una vida en la calle vinculada a la beat generation, las drogas, la cárcel, los movimientos políticos. Una decepción tras otra hasta encontrar a esta esperanza que es María.

Desde entonces de una vuelta a mi vida, pero había también llegado a un punto donde comprendí que debía hacer fructificar el talento de la música. ¿Cómo? Componiendo, escribiendo otras canciones, de carácter social, existencial, también oraciones, de modo que reflejaran lo que estaba viviendo, pero que anunciaran la esperanza a través de las decepciones de mi vida. Contando hoy mi vida, esta llega a ser un poco una provocación pero también un mensaje de esperanza, tratando algunos temas como la soledad, la marginación, la droga la violencia. Hoy día hay aún tantísimos jóvenes que experimentan tales pasajes.

¿Qué tipo de vida llevas hoy?

María para mí es como un faro de luz, una estrella, un cartel de indicación, que de día en día, entre miles de dificultades, me ayuda a crecer, a superar los obstáculos de la vida.
El hecho de que yo haya descubierto la verdadera felicidad no hace que sea eternamente feliz! Pero ahora tengo una posibilidad más, una certitud más; pero llevo dentro de mí todas estas contradicciones de este hombre llamado Roberto Bignoli, el cual se enfrenta y se hurta cada día con su mundo, un mundo compuesto por su familia, la relación con la sociedad, con su trabajo, con tantas otras personas; cae y vuelve a levantarse, con aquella fuerza, credibilidad y certitud que lo ayudan a reponerse y a seguir adelante.

¿Cuál es el mensaje que intentas comunicar a los jóvenes que encuentras?

Lo que yo intento decirles es: usad vuestra belleza, vuestra inteligencia, vuestra sensibilidad y tratad de reflexionar usando estos recursos, sin dejaros condicionar. Lo que yo os cuento no es la absoluta verdad: vosotros, quedaos con lo más bonito, guardadlo en vuestros corazones, porque esto os ayudará. Es una cuestión de inteligencia y de saber escuchar. Lo que lamentablemente los jóvenes de hoy no saben hacer es ponerse a escuchar a los demás, a los que tienen algo que quizás te provoque, tal vez te lleve a renunciar a ciertas cosas.

Yo invito siempre los jóvenes a utilizar tales recursos, porque ellos las poseen.

Sólo deben ser capaces y tener el valor de entrar en el juego: pero si logran aceptarlo, saldrán ganadores. También en lo que se refiere al futuro: nadie es eternamente joven.

No quiero decirles a los jóvenes: “Cambiad de vida”, sino “seguid vuestro camino, pero sabed aprovechar todo lo que os ocurre”. Cierto que hoy día es mucho más difícil comunicar con los jóvenes.

Algunos cantautores de “Il mondo canta Maria” sonrientes tras una tarde de canciones, con el centro a Roberto Bignoli.

¿Qué tal va hoy día el ambiente de la música cristiana? ¿Qué potencialidad tiene?

Con respecto a otros países, estamos todavía bastante retrasados. La música cristiana va fuerte y es amada por miles, es más, por millones de jóvenes en Estados Unidos, América central, sin hablar de países como Brasil y Polonia, en los cuales es superior a la nuestra la capacidad de usar los medios de comunicación. Pero no sólo: son capaces de congregar a los jóvenes, cosa que ya no veo en Italia. He viajado por el mundo y puedo decir que realmente la música cristiana ha llegado a ser en Europa y en Estados unidos un fuerte instrumento y la Iglesia lo está estimando. Es una realidad extraordinaria en el mundo.

En Italia, la música cristiana nació tras el período del Vaticano II; su pionero fue Gipsy Cento, luego gracias a él nació el movimiento “Il mio Dio canta giovane”; pero no debemos olvidarnos de los GEN rosso, o de cantautores como Claudio Chieffo, el cual es para mí el top de los top. Con Claudio nos unió una hermosa amistad y la ocasión de contar juntos nuestra historia. De verdad era un cantautor de pura cepa.

¿Qué recuerdos tienes de Claudio?

Claudio era un hombre de gran cultura, de gran espiritualidad, un hombre que se ha revelado, hasta el final, a pesar de su sufrimiento y de la enfermedad, con un hermosísimo concierto hace dos años en el Meeting de Rimini. Pese a su dramática situación (sufría de un tumor), comunicaba su sufrimiento sin hacerlo pesar, con una sonrisa extraordinaria y un rosario alrededor de su pulso, el cual llevaba por primera vez y por eso para mí este detalle es muy significativo. Para mí, es como si hubiese querido decir: “Ya está, dono mis últimas notas, mi historia, mi sufrimiento, todo lo dejos en manos de María”. Yo que conocía a Claudio, aun sabiendo del particular amor que profanaba por María, nunca antes lo había visto con este rosario. Para mí había siso entonces una revelación realmente extraordinaria. Aquel último concierto fue para mí la confirmación de este amor y de esta esperanza que es María.

P. Vincenzo Vitale.





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